Tus Noticias de La Costera

Líder no jefe

Llevo 25 años visitando jefes y encargados generales. Todas ellas responsables de sus trabajos y correspondencias. Sin embargo, a día de hoy y en pleno siglo XXI me sorprende la corta visión mental que padecen multitud de empresarios frente a las evidencias tan visibles de un entorno cada vez más ilimitado y globalizado. Algunos parecen no enterarse de que estamos en plena expansión de mercadeo mundial. Se empecinan con sus viejos y anquilosados hábitos a cambiar las circunstancias en vez de procurar ser ellos mismos el cambio, adaptándose y aceptando las mismas para que nos re -trituren la poca moral y voluntad enraizada en la zona cómoda desde donde siempre han divisado su poder y estrategias frente a sus clientes. Clientes cada vez más informados y especializados en sus cometidos gracias a las tecnologías y red universal de internet.
Recuerdo hablar a mis abuelos de aquellos que les contrataban para las siembras de los arrozales, les denominaban a sus jefes: "Amos o Dueños", en ocasiones Señoritos. Pero la historia avanza y nuestros padres, dejando atrás la era agrónoma y ganadera, se adentraron en la era de la revolución industrial, comenzando a ocupar en las famosas fabricas, un puesto de trabajo. Entonces, los amos o dueños pasaros a ser jefes. Era el siglo IXX y XX. Hoy, en pleno siglo XXI, y en plena revolución tecnológica e informativa, en plena era robótica y cibernética, necesitamos líderes. No es que el trabajador necesite un líder, es que la empresa, frente a una agresiva y mastodóntica globalización, mercado común, como lo llaman la mayoría, exige un líder. Un líder, más que un jefe, con conocimiento sobre la naturaleza humana, puesto que sus trabajadores antes que empleados son personas con sentimientos e ideas. Un líder que de ejemplo con los hechos y no con las palabras. Un líder que cree confianza, que despierte entusiasmo y sea capaz de involucrar a su gente en un proyecto común. Un líder que no vea problemas en cada solución sino que vea soluciones siempre ante cualquier dificultad. Un líder que no mande, sino que pregunte y preocupe por la gente, por su gente, y la defienda frente a cualquier situación. Un líder que se gane los corazones de quienes desean emprender la aventura de ganar en un mercado global. Un líder que no envenene las relaciones con los empleados sino que las alimente con reconocimientos y buenas formas. Un líder que rechace utilizar los miedos y demuestre que el amor a la gente es mucho más productivo y eficaz que la presión y el temor que ejercen los antiguos y desfasados jefes anclados en el siglo XVII. Un líder que entienda los problemas de cada cual, que se interese por aliviarlos, pues, en este consuelo esta la multiplicación de la eficacia.
El siglo XXI requiere de un nuevo jefe, un jefe cuyo liderazgo se base y estructure en la confianza y el deseo de alcanzar juntos los objetivos que ha de tener una empresa.
Es lamentable y triste ver en estos muchos años de experiencia como la gente que desea prosperar es incapaz de formarse, de cultivar y aprender para dejar de dar pasos ciegos, que solo conducen hacia atrás o seguir dando vueltas como un tonto en círculos sin dirigirse a ningún sitio. Y, es frustrante ver que con la información que han adquirido en los últimos veinte años, que sigue siendo la misma que tuvieron sus antepasados, (porque siempre se ha hecho así), pretendan dar el salto al siglo presente. ¿Cuándo dejarán de estar sentados en el error y harán frente a la batalla que tienen por delante, empezando por volver a aprender, desaprender lo aprendido y, humildemente posicionarse enfrente de la compañía para su gloria futura?
Me sorprende la ausencia de humildad, me sorprende la ausencia de rasmia y voluntad, me sorprende la ausencia de proyectos, objetivos y metas, me sorprende que hayan olvidado que el valor ya no se tiene por lo que se hizo hace veinte o treinta años, sino que se obtiene enfrentándose a la nueva situación, situación que espera ser abordada con inteligencia y pundonor. Me sorprende que se siga haciendo hincapié con los mismos patrones de actuación y pensamiento, cuando no hay resultados.
Quizás haya ganado la pereza, la apatía. Quizás, inconscientemente escondan bajo tierra su mérito, orgullo y voluntad y esperen a que pase la tan nombrada crisis. Quizás. Pero, esto no va hacia atrás. Da pasos de gigante en una dirección concreta que solo los que están dispuestos al cambio y a liderar un buen equipo, serán capaces de afrontar y superar.
Hemos de volver a la escuela. Existen preguntas e interrogantes que requieren de nuevas y sorprendentes respuestas. Y de estas respuestas depende el futuro de la empresa y el futuro de una sociedad.

 

J. Joaquin Llinares Nadal

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