Tus Noticias de La Costera

Pinceladas para el éxito de la empresa

Existen en nuestra sociedad organigramas de éxito que habría de tener muy presentes en las organizaciones y ministerios, principalmente, en las empresas. Del tipo de empresas que constituye una sociedad, comunidad o nación depende su país, el tipo de empleado y su ciudadanía. Afecta directamente el sentimiento que genera la empresa a las situaciones que se desencadenan en la vida social, y es más que necesario prestar atención a esta relación, por el bien tanto de la empresa y su futuro, como por el bien de aquellos que la integran. Un empleado feliz es más eficaz y productivo que un empleado disgustado, insatisfecho y temeroso.
Un empresario comienza a tener a su gente de cara cuando tiene presente que los detalles pueden llevarle al éxito o al fracaso. Los detalles no solo se han de tener con los clientes, principalmente con sus empleados, además, éstos son los que probablemente tengan el contacto directo con los clientes por sus cargos, así que, si el empleado se siente apreciado, valorado y entusiasta, el mismo cliente se impregnará de esta química y querrá experimentarla de nuevo. Todo ventajas. En el caso contrario, el cliente sentirá rechazo y tensión, y consecuentemente, decidirá evitar la relación con la empresa. Detalles de reconocimiento, de valoración, de compromiso, económicos, regalos, extras. Cuando alguien sabe que es apreciado, si es sensato y buen trabajador, dará el 110% de su capacidad como recompensa.
La humildad por parte del empresario es una cualidad que brilla por su ausencia. Quizás porque el titulo de empresario embadurna y empodera al personaje, quizás porque no entiende el significado y menos aun ha sentido la necesidad de recurrir a la humildad. Pues, señores empresarios, hoy no se es dueño de nada y menos de nadie, y si realmente estamos dispuestos a que la inversión crezca como una semilla en tierra fértil con pretensión de recolectar su abundante fruto, se ha de servir incluso al peor de lo empleados, porque si se quiere ser grande se deberá ser el sirviente de todos. Esta es una ley que nadie puede esquivar y que humildemente los líderes han de tener muy presente. Es un verdadero atraso mostrarse sobérbiales y vanidosos, insolentes e irrespetuosos, con aquellos que conviven ocho o más horas en la empresa. Entendamos que los empleados son la materia prima de una organización dispuesta a servir a la sociedad, y cuanto mejor personas sean, cuanto mejor acogidas estén, mas se comprometerán en su propósito.
¿Cuándo nos hemos sentado a reflexionar sobre quienes están defendiendo nuestros servicios o productos en nuestra empresa? ¿Cuánto nos interesan nuestros empleados?, ¿Qué estamos realmente dispuestos a hacer por ellos? ¿Qué sabemos de sus vidas, de sus familias, de sus necesidades y problemas que les acechan? ¿Cuánto saben realmente? Si solo nos interesan como un órgano productivo con la capacidad de rentar, como si fuera una pieza de una maquinaria que ha de realizar un trabajo determinado y nada más, seguiremos perdiendo la mitad de la batalla, pues ellos no son tontos y darán lo que reciben porque lo indica la ley. Se comprometen lo justo para recibir su jornada mensual, porque así lo estampa la ley. Las responsabilidades mayoritariamente serán del superior y los atrasos culpa de los demás, porque no me pagan más que lo que dicta la ley. ¿Qué tipo de gente queremos tener en nuestras empresas? Seamos un autentico ejemplo y atraigamos aquellas personas que complementen nuestras necesidades a sabiendas que también ellas sienten la necesidad de que se les tenga en cuenta como seres humanos, jamás como una máquina.
Los miedos. Esos grandes enemigos que nos cuecen lentamente la vida en nuestros trabajos y nos roban energías que pudieran ser más rentables en todos los aspectos. Miedo a realizar mal un servicio, ¡que estrés! Lo peor es la inseguridad cuando desarrollas un trabajo, la incertidumbre que te produce porque sabes que si te equivocas perderás tu puesto o te degradarán o te quemarán en la hoguera. Ridículo. La ciencia avanza a pasos de gigante gracias a su famosa fórmula del ensayo- error, pero una empresa no se puede permitir el lujo de que así sea. Te suenan aquellas palabras "si no lo hago yo, nadie lo hace bien". Sepamos que siempre hay mejores que uno en cualquier hacienda. Deleguemos o en vez de crecer, moriremos en el intento porque si la empresa ha de desconfiar de sus empleados, sus empleados desconfiarán de su empresa y estas guerras siempre son pérdidas seguras. Tengamos menos miedos, inspiremos confianza y veamos como los sueños son realizados.
Un empresario tiene imaginación, pero a veces la usa de muy mala manera. La imaginación no ha de ir enfocada a la explotación del empleado, para ello existen leyes y sindicatos que legitiman el trabajo. La imaginación ha de ir enfocada a mejorar la calidad de vida de la empresa, a generar bienestar laboral, a servir humildemente a los suyos, a soñar como ampliar el mercado, a diversificar, a valorar, a amar a los tuyos, a los de tu hogar a los de tu empresa. La imaginación es el arma perfecta para obtener la rentabilidad de tu gente y de tu mercado. La falta de imaginación es miseria.
Exiges si das lo que te corresponde y un poco más. Pero, exige como dios manda porque los demás también tienen su orgullo y su corazón. Un líder no se condecora como tal, lo hacen sus seguidores. Un buen empresario, (pues en qué país no se aspira a ser un referente extraordinario cuando se deposita una inversión para multiplicarla), lo harán sus empleados. A veces me pregunto porque los empresarios se empeñan en infravalorar y desestimar al buen empleado explotándolo al máximo y a quien no rinde se le llega a conceder hasta reconocimientos en absoluto merecidos. Lo bueno se ha de cuidar, se ha de mimar, proteger, reconocer, premiar, inspirar. Y lo malo, si se puede, se ha de hacer lo posible para facilitar sea menos malo y mejore, y si no se quiere, cortar de raíz, porque como el dicho dice "la manzana podrida, contamina las demás". Apreciemos a quienes quieran acompañarnos en la aventura, y a quienes no lo deseen, y sus actitudes y actos nos lo revelarán, démosles la oportunidad de volar fuera de nuestra pequeña jurisdicción. Recordemos una vez más que el éxito de una empresa no es el éxito del empresario sino de todos aquellos que han hecho posible alcanzar dichos niveles. Hay que compartir honores y que toda la plantilla se sienta íntegramente bendecida.
Los jefes que se muestran intransigentes siembran resentimientos y crean sus propios enemigos en casa, con lo cual estarán predestinados al peor de los fracasos. Se podrá ganar dinero, pero jamás el corazón de tus empleados. Además hay que conocer-se para respetar y considerar al otro como igual, y un "malhumos" pedante, rígido e implacable, es la persona menos indicada para gestar una organización donde las personas han de trabajar para generar riqueza.
La lealtad a los empleados será directa o inversamente proporcional a la lealtad que se tiene con los clientes y un claro reflejo de sí mismo. Hoy está de moda la corruptibilidad, y es una vergüenza ver como la justicia no corta de raíz esta maldita plaga que envenena como un virus cualquier estrato social. También es vergonzoso ver como el deseo de una empresa se trunca por no atender una de sus máximas leyes del mercado basada en la oferta y la demanda. Si quieres crecer has de pagar y bien a tus empleados, pues ellos son los consumidores de tus productos si tienen una economía sana y fuerte. Lo demás es echar piedras en el propio tejado. Vergonzoso como son capaces de robar unos céntimos a sus empleados como si estos fueran inmerecedores del mismo cuando están ocho o más horas haciendo posible que tengas éxito. Ellos no son el problema, pero, sinceramente, con esa mirada tan retorcida te diré que el problema eres tú. Y, si tu empresa no funciona, no es por ellos, es porque tu avaricia, codicia y gula es tan inmensa y egoísta, que nada ni nadie te salvará de tan tremenda desgracia y tan defecable miseria. Un equipo de trabajo se ha de ganar para que triunfe.
Empezamos por creer que somos dueños, seguimos con ser jefes y finalmente si deseamos profundamente que nuestro propósito tome forma, de manera genuina, hemos de convertirnos en lideres. No somos dueños de nada ni nadie, la jefatura no rinde, en muchas ocasiones ocurre todo lo contrario, impide avanzar de manera efectiva hacia los objetivos planteados. Solo un buen liderazgo es ventajoso para todas las partes. El líder ha de ser capaz de influir positivamente en las personas que forman su equipo, para que se realice tanto individual como profesionalmente y alcance las metas y objetivos señalados. Un líder ha de ser el referente principal y un ejemplo en sus actos. Ha de ser transparente y honesto. Servicial y aplicado. Ha de incentivar, promover, gestionar y proyectar imaginativamente. Ha de aprender a aprender continuamente y ser perseverante; se ha de reinventar, se ha de imaginar. Un líder tiene que planificar, organizar y ser punta de flecha para lograr, conjuntamente con su equipo de trabajo, el éxito. Ser líder es una responsabilidad que solo quienes conciban el presente siglo como una oportunidad para crecer y madurar, para ser un autentico empresario, rodeado de extraordinarios empleados, habrá de adquirir el compromiso consigo mismo y descubrir que todos somos seres humanos inmersos en un destino común, dentro de un sistema social que nos constriñe a unirnos en pos de una sociedad mejor que repercuta en un bienestar para beneficio del mundo.

 

J.J.Llinares Nadal

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