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LA VIEJA ESCUELA

Leí en cierto momento algo respecto a la vieja escuela. Decía un anónimo que era de la generación del "buenos días, del porfavor, del disculpe y las gracias". Lamentablemente, se recuerda esa parte de la educación no por cuestiones de nostalgia, sino porque entre estas generaciones, nuestros jóvenes están tan absortos en lo fatuo que lo autentico e importante para las relaciones personales y en sociedad, parece perderse en las mecánicas manos de lo tecnológico. Más aun, parece que la prioridad sea cultivar su cuerpo como si lo fueran a exponer en el museo de Louvre de Paris o junto al David de Miguel Ángelo en Florencia. Lamentablemente, como digo, se han olvidado de lo verdaderamente importante, de algo tan sumamente básico para el buen funcionamiento social como son el ejercicio de las buenas maneras y las relaciones personales.
Quien, una mañana cualquiera no se ha cruzado con un "zombi". Son aquellos que pasan por tu lado y son incapaces de responder a unos buenos días, a un adiós o un simple hola. Van a su "rollo", intentando pasar cuasi desapercibidos, como si de fantasmas se tratara. Están vacios por dentro, muy pesar de estar rodeados de raudales de información, que no digo no sea necesaria para la obtención de una ocupación en un futuro, pero siendo razonables, cuánta de ella nunca lo será y menos para mejorar como individuo social. Me pregunto, ¿quién decide que la información que entra en el cerebro sea la destinada a generar una sociedad donde las personas aprovechen sus potencialidades y se auto-descubran como portentosos seres humanos? Me preocupa que nuestros jóvenes piensen más en ser uno más de entre y como los demás, y no en ser ellos mismos.
Cultivar la mente y no para ocupar un sitio en el sistema laboral, sino para profundizar en la naturaleza humana que somos y experimentar la vida en todas sus dimensiones como ciudadano de un mundo interno que está por descubrir, extrapolarlo al exterior y realizar ese paraíso de felicidad y dicha. Eso es lo que se pretende cuando se decide abordar el potencial que sentimos a nivel particular y social. Cuando me cruzo con un joven que no es capaz de responder un buenos días, ignorando la presencia ajena, no solo pienso en su mala o falta de educación, sino en la vacuidad de su interior respecto a lo esencial de la vida. Y lamentablemente, si la voluntad por un cambio de actitud no les confronta, su futuro será complicado, porque quieran que no, las relaciones personales en cualquier estadio de la vida son los cimientos para la interdependencia tanto en el trabajo que puedan desarrollar en su futuro como en la cotidianidad más absoluta. Nadie es una isla, no existen las islas excepto en los mapas geográficos. Todo está unido bajo el agua, y no ser consciente de esta verdad contrae problemas.
Sí, la educación de la vieja escuela se ha de retomar, además nunca ha estado reñida con la modernidad, con ella se recuperan valores universales que son imprescindibles para la convivencia. No somos maquinas, pero ciertos comportamientos son demasiado afines a estas, y la factura que se está sufragando es demasiado costosa para el bienestar individual y social.
Jóvenes y no tan jóvenes, cultivar la mente es el secreto sobradamente reconocido para la felicidad, las relaciones y la prosperidad. Si creen que hay algo más importante que esto, prosigan su camino. Los efectos de esta marginación no pasan desapercibidos ante el mundo. Virar en la dirección adecuada es salvar nuestro galeón de tempestades que intentaran naufragarlo, y estamos a tiempo de voltearnos y dar valor a lo que realmente lo tiene.
Recordemos que mañana, cuando te cruces con otra persona, puede sea un benefactor a tu dificultad. Quine sabe. Una palabra de amabilidad puede crear puentes en un futuro y salvar vidas, quien sabe si puede ser la tuya. Nunca sabes con quien te cruzas. Crees conocer a tu vecino, pero tan solo son prejuicios.
La vieja escuela trae consigo aquellos gestos universales que nos humanizan, que hacen del individuo un ser social, carismático y honroso. Los buenos modales son tan esenciales que hasta tu, que no deseas sino estar en el más absoluto anonimato porque "pasas de los demás", reclamarás, llegado su momento. Nunca hagas a los demás aquello que intuyes necesitaras en un futuro, porque los días pasan, te lo aseguro, y lo que creas hoy, dejarás de creerlo mañana.

 

J.Joaquín Llinares Nadal

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