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35 J.LLINARES FILEminimizerExiste muchos motivos, quizás demasiados para que la relación de una pareja, o matrimonio, en las condiciones que estén, se vaya al garete. Una sociedad como la nuestra donde se potencien valores, y no de ahora, que no acaben de unificar a la gente en todos los sentidos, sino todo lo contrario, muestra síntomas de no estar bien, o como dirían algunos más expertos, es una sociedad enferma. Después de una larga jornada de trabajo solo deseas volver al hogar y encontrarte con los tuyos para reconformarte el alma magullada por los atropellos del día, pero no, muchas veces se presenta tu pareja y sin preguntar cómo ha ido el día, te ordena que tiendas la ropa, que prepares la cena o repares la puerta de la cocina. Solo deseas un beso, una caricia y un te he echado en falta. Aparecen los hijos y sin darte explicaciones de ningún tipo te hablan como si de un extraño se tratara. Claro a los extraños no se les pide dinero, pero a ese papa, si. Vuelta al ruedo. Optas por tomarte una cerveza fresca y dejar a un lado tus labores hogareñas. Te mereces un descanso y, cómo no, enciendes el televisor, cerveza en mano y ¡zass! noticias de media tarde, perdón, solo malas noticias, la ventana al mundo esta predispuesta a entregar la realidad cotidiana y en ella encontrarás accidentes, delincuencia, corrupción, desastres climatológicos y el juego pingpongniano de lo políticos sin ganas de motivar a una ciudadanía que presiente estar para cubrirles las espaldas endiosadas con sus impuestos que pagan obligados por leyes que estos mismos señores hilvanan para seguir con sus cuentos y milongas. Y entonces, te dan ganas de vomitar. La mujer insiste en que hay que reparar la estufa de gas, cambiar la bombilla del pasillo y tender la ropa. Que lastima no poder hacer alguna hora extra a causa de la crisis, piensas para tus adentros. Al seguir sentado en el sofá frente a tu caja, hipnotizado por la profunda tertulia del gallinero Berrocal, "pasas" un poquillo de las nuevas órdenes y, entonces, la impaciencia de tu mujer, de tu pareja, de la cual esperabas el beso de bienvenida y el apretón de muslo, explota, trayendo a colación lo que hiciste el día 25 de agosto de hace 10 años, lo que dejaste de hacer en 13 de diciembre de hace 5 años. ¡Qué memoria histórica tiene la mujer cuando esta histérica! Y tu despiertas, como no, a toda aquella lluvia furiosa que cae plenamente sobre quien deseaba un poco de alivio en un simple y confortable hogar.
Ciertamente desanimar a tu pareja, estando casado o no, es una de las bombas psico-emocionales que hacen de la relación un desastre y como tal acaban por romper a pedazos algo que hubiera podido ser bonito y durar en los tiempos. El hecho de desconocer esta cuestión, por parte de las dos partes, es de vital importancia para que las relaciones de relevancia tengan durabilidad en el tiempo. Hay que entenderse, hay que ser conscientes de que el amor es comunicación y que los sentimientos son la savia de la misma. Hay que procurar estar bien consigo mismo, valorar-se como persona íntegra que somos, y tener en cuenta que compartir la vida jamás es desanimar al otro/a, todo lo contrario, es insuflar ánimos para que fluya la felicidad en la relación. Cuando acuda tu pareja a casa, porfavor, dale un abrazo, y un beso como si fueran los primeros y más románticos de tu vida. No tengas prisas, compártete, comunícate. Las tareas estarán de todas maneras ahí, jamás te las acabarás. Pero, el amor, si podemos perjudicarlo cuando priorizamos lo irrelevante ante lo importante.
Otra de las cuestiones es la ausencia de confianza. Hasta los países reclaman confianza para que inversores en potencia hagan sus inversiones y creen riquezas, trabajos y prosperidad. La confianza es necesaria para el buen funcionamiento de la relación. Es otro de los valores que en estos tiempos tan confusos se han minado, y siempre vemos con la mirada retorcida a todo el mundo. Hemos de recuperar la pureza de la confianza, porque esta nos recuerda que es una grave falta para con uno mismo. Si, desconfiar del otro imputa inseguridad y dudas en uno mismo. La ley dice que no puedes dar lo que no eres. Hay que hacer apaños en nuestra integridad si deseamos que las cosas funcionen. Se comienza con la desconfianza y se acaba asesinando a la almohada.
Se dice, según estadísticas, que uno de cada tres matrimonios se separan, se divorcian, aunque un 40% se vuelven a casar, espero que no sea para cometer los mismos errores. Lamentable, ciertamente, triste. En la mayoría de los casos no cambia nada, porque no cambiamos nosotros. Como he dicho más arriba, los "valores" que aprendemos para la convivencia están lejos de unirnos. Ciertamente porque hemos aprendido aquellos valores que nos alejan los unos de los otros, valores que denuncian la parte negativa del asunto, valores que castigan nuestra naturaleza por ser imperfectos, valores que hunden en un cenagal de basura contaminada nuestras capacidades, virtudes y potencial. Valores que no son tal sino seudo-valores light que nos enmarcan como animales lejos de racionalidad. Y menos aun como humanos.
Te haré una confesión. Tu cerebro funciona con pilas y las está cargando el diablo.
Si, hasta que dejamos este esplendido plano terrenal, aprendes. Aunque te resistas a creerlo estas aprendiendo constantemente. Y lo peor, es que vives continuamente lo que está tu cerebro y mente absorbiendo. Pero, no eres consciente.
Aprendes a que la vida es fiesta, sexo y rocanrol. Aprendes a que ante las dificultades, esconder la cabeza bajo tierra es la mejor opción pues el tiempo lo sana todito. Aprendes a que tu siempre tienes razón, aunque la verdad este lejos de asomar tímidamente en tus horizontes. Aprendes a que tu opinión, sin fundamento, tiene el mismo valor que la opinión experta. Aprendes a que hacer como hacen los demás es normal. Aprendes a que la mentira es una forma de vida y la verdad es algo inexistente. Aprendes a ser uno más, a pasar desapercibido ante la multitud. Aprendes a priorizar tus emociones ante el intelecto. Aprendes la maldad. Aprendes a rechazar tus sueños, porque, total, solo sirven para dormir. Aprendes a creer que la vida es un mar de desgracias y sufrimientos. Todos conspiran contra ti. Eres el centro del universo. Pero, sabes, estás vacio. No tienes nada y temes la soledad porque es la única amiga capaz de recordarte que has de parar de aprender lo que te encadena a una vida insulsa, baladí, incapaz de satisfacer tu espíritu, tu corazón. Lloras en silencio, porque no te esperabas tanta vanidad que a ninguna parte te lleva. Bueno, a dar trabajo a psicólogos porque andas perdido entre bosque sin poder apreciar un solo árbol, y como no, a los abogados del diablo que se enriquecen por tus diferencias con el prójimo cuando las llevas a extremos terribles. ¿No te preguntas porque hacen tantas leyes que prohíben?
Primero la educación cosificada te margina valores que harían de ti una persona madura y sensata. Después te siguen llenando la cabeza con desgracias, reduciendo el mundo a algo maléfico, donde las alegrías duraderas son imposibles de encontrar. Después las prohibiciones. Hay que dar de comer a mucha gente, y si los aprendizajes estuvieran dirigidos a la perfección, la merma de oportunidades para los parásitos seria significativa. Da valor a lo que relamente lo tiene: a ti. Cambia de dirección. Porqué te enamoraste, como fue eso del amor, como sucedió. Rememora aquellos momentos donde la felicidad embargo tu espíritu. Cuáles eran las cualidades de tu pareja. Dejaste de dar importancia a las imperfecciones a causa del enamoramiento, y no porque estuviste ciega, sino porque te complementaste perfectamente como lo hace el sol y la luna en un eclipse total. Como lo hizo la alianza en tu dedo anular, compromiso para la eternidad con la persona que amas. El amor tiene sus etapas y desperdiciarlas es dejar de crecer como personas que somos, es dejar de descubrir quienes somos en convivencia y sociedad. Es dejar de profundizar en el alma y el misterio de las relaciones. El amor tiene un hermano pequeño con una grandeza inusitada, se llama perdón. Y la humildad de dos personas por la resolución de un conflicto de relación, se precisa más que el mismo oxigeno para respirar. Se pueden salvar relaciones con el mero hecho de mirarnos al mágico espejo y dejar de preguntarle quien es el más apuesto o la más guapa. El otro es tu media naranja y has de trabajar para que renazca continuamente, como el ave fénix de sus cenizas, ese amor tan especial que como un pegamento une, o mejor aún, UNE, en todos los aspectos. Porque así lo pensaste en un principio. Porque darías tu vida por ella en aquel principio. Porque era tu aliento, tu musa y tu Todo, en origen. Recupera ese valor que merece al amor porque forma parte de tu naturaleza y porque eres tú mismo.
Dale la vuelta a la tortilla, y recupera lo que realmente contiene esos valores que ensalzan tu naturaleza.

 

J.Joaquín Llinares Nadal

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